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  • Aurora es la autora

1. Mi padre y Marx

Actualizado: 2 de sep de 2019

Tengo de mi infancia mucho recuerdos y algunas frases que no he dejado de pensar desde entonces y que de alguna misteriosa manera o por pura lógica, han hecho de mí lo que soy. Recuerdo Valencia de don Juan donde veraneaba con mi familia y los días de piscina y los regresos a casa después reconfortados por los baños, la reunión de amigos, el cielo azul de Castilla y por ese largo día de verano que no acababa ahí, que continuaría con el paseo de la tarde. Cuando salíamos de la piscina, recuerdo que siempre le pedía un helado a mi padre y su respuesta, siempre afirmativa, la justificaba porque el heladero también tenía que comer: no era por mí, por mi desgaste físico después de todo la jornada bajo el agua o por los treinta grados a la sombra, "el heladero también tiene que comer" decía.


Mi padre y Marx

Con mi vida he descubierto que la anterior junto con otra frase recurrente de mi padre que también muy sutilmente se ha quedado grabada a fuego en mi actitud ante la vida, dan sentido a mi forma de ver el mundo y cómo abordarlo y es esa que dice: "del hablador... los hechos". No puedo dejar de hacer cosas, de marcarme objetivos y perseguirlos, necesito buscar sentido a cada momento de mi vida y abandonarme a la inercia me incomoda profundamente.


Frases que unidas a su forma de proceder me han hecho pensar también la importancia de la coherencia cuando tienes hijos y quieres transmitir valores que hagan de ellos, sobre toda y fundamentalmente, personas. Mi padre siempre ha hecho y hace sin alardear, siempre ha ayudado a quien ha podido y sus acciones solo se dejaban ver en los efectos que fortuitamente se manifestaban ante mí: un hombre hace algunos años se acercó para hablarme maravillas de mi padre al que consideraba padre suyo; en una ocasión y después de una intervención quirúrgica importante, recibió tantas llamadas de personas que yo ni conocía, y que atribuí a su rápida recuperación, que todavía me emocionan. Hace siempre lo que puede por y para alguien sin necesidad de grandes altavoces y crea conexiones íntimas que le dan consistencia personal y le proporcionan la tranquilidad que disfruta, esa que tienen las buenas personas.


Mi padre y Marx

Nací en el seno de una empresa familiar más que de una familia. Mi emprendedora bisabuela creó una panadería que se convertiría en lo que se denomina una mediana empresa y que durante algo más de cien años, generación tras generación, nos proveyó del pan de cada día, nunca mejor dicho, y que siempre formará parte de mí. Mi familia vivía de su propia empresa y creo que esa visión desde la empresa, la iniciativa, la que contrata trabajadores para su desempeño, me ha dado la perspectiva del emprendedor antes de conocer la del empleado y esto ha venido también a alimentar mi visión del mundo y cómo abordarlo.


Con el tiempo conocí la obra de Karl Marx, y quien conozca a mi padre se preguntará que tiene que ver con Marx, ya que por sus ideas y convicción política se aproxima más a las de cualquier liberal. Pues bien, pensar en los demás antes que en ti mismo como forma de prosperar y hacer, ejecutar, cambiar las cosas como eje principal de su pensamiento son dos elementos que hicieron de la figura del gran pensador del siglo XIX una mente muy familiar para mí, y las ideas que comparte con mi padre, el núcleo central de mi criterio para abordar este mundo.





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