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¿Cómo desaprender lo aprendido?


¿Qué tiene que pasar para que reconsideremos nuestras posiciones?


El siglo pasado, una buena parte de lo que llamamos Occidente eligió la senda de la socialdemocracia: papa-Estado se convirtió en el nuestro oráculo y los políticos, por ende, en nuestros dioses.



Este sistema amable de control se desmorona ante nuestros ojos, dejándonos en el recuerdo bonitos momentos de bonanza, que con el paso de los años se revelaron insostenibles. La socialdemocracia que hemos conocido no tiene más recorrido, no puede con tamaña estructura de cobijo social. Y mientras se cae a pedazos, seguimos esperando de ella la solución a nuestros asuntos: un trabajo, una vivienda, colegio para nuestros hijos, sanidad pública, subvenciones, prestaciones por desempleo, guarderías, servicios sociales de todo tipo, y todo aquello que haga posible un saldo social que nos permita continuar con nuestras vidas. La socialdemocracia en nuestros días pone el foco en el político de turno, que dando palos de ciego vive de granjearse los votos a cambio de promesas sin fundamento, o pócima que vende como charlatán de feria para mejorar la vida de las personas: mucha fe y pocas soluciones.


En esta situación de degeneración política, es curioso ver como emerge con fuerza la expresión mas cruda e irreal de ingeniería social y engaño de la mano del comunismo más rancio. Cuando la socialdemocracia se tambalea, lejos de girar en otra dirección, insistimos en lo mismo aumentando el grado de la imposibilidad.


He de confesar que en algún momento vi en la socialdemocracia la expresión más progresista y lógica de cualquier organización social porque a mis ojos, devolvía a los ciudadanos los recursos que de ellos obtenía en forma de estructuras sociales que hacían posible una convivencia en armonía y para el beneficio de la mayoría. Hoy, lamento esta compartida visión buenista de la política social que solo ha conseguido desarmar los ánimos de una sociedad confiada, a pesar de todo, y que sigue, a pesar de todo, esperando respuesta de los mismos políticos que con las mismas promesas de antaño y malvados juegos de artificio tratan de no perder el contacto visual con sus votantes.


Por nuestra parte, qué vamos a hacer cuando no podamos culpar de todo a alguien, de repente, tendremos que ser responsable de nuestras acciones. Podría no ser solo buenismo sino acomodo. Nos han dejado confiarnos, dejar para otros, e incluso cuando no pueden mejorar nuestra situación seguimos confiando...¿hasta cuándo?


La doctrina liberal representa una forma más osada de convivencia social que a bote pronto, y desde la distancia da un poco de vértigo. Tú y tus circunstancias dan un poco de pena si lo comparamos con un papa-Estado sobre protegiendo las circunstancias de todo el colectivo social. Aunque con reservas, porque tampoco es el sistema ideal que quiero defender, el liberalismo produce sociedades de alguna manera más despiertas, críticas, activas y sin complejos. Definitivamente, sus propuestas abanderan las tendencias y, convencidos y consecuentes con el sistema capitalista que legítimamente entreteje sus relaciones interpersonales, se mueven como peces en el agua, creando nuevas formas de vida, personales y laborales, que nos encantan y les compramos a cualquier precio.





Lo que quiero decir es que es hacia el liberalismo que da vértigo, y no hacia expresiones cada vez más intensas de socialdemocracia, comunismo, etcétera, donde una sociedad que quiere mejorar debería poner todo su empeño. Esto resulta de locos porque el oprimido parece cosa de izquierdas, pero la verdad es que no lo es, y solo frente a la soledad de sus circunstancias, las personas pueden recobrar el aliento y alzar la voz de su esperanza que de otro modo no hace más que sofocarse.


Queda aquí esta reflexión como adelanto a otra que profundice un poco más en este desaprender de lo aprendido tan difícil que da dolor, cuando puedes ver lo que está pasando y es tan complicado contarlo. Y es que es ahora y siempre, en el encontrarse a uno mismo en el espacio de sus circunstancias, donde el hombre busca el camino de su continua evolución, lo que hemos presenciado en estos años no ha sido más que una involución que debemos revertir, y no solo por eso que llaman progreso social sino para recuperar la esencia, el porqué del hombre, esa que ahora duerme a este lado del planeta.



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