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COVID-19 en la sociedad del sinsentido.

Actualizado: mar 27


El concepto de Triage, también nombrado Triaje, es un término francés que se utiliza para clasificar a los pacientes que acuden al servicio de urgencias en un hospital. Si has estado en la sala de urgencias, lo más probable es que hayas pasado por ello. Fue inventado por Barón Dominique Jean Larrey hace unos 250 años, médico de las tropas de Napoleón. Era un hombre de fuertes principios. Creó el sistema de clasificación de los heridos en función de la necesidad médica y no por rango o por nacionalidad. El sistema de Triage es responsable de salvar innumerables vidas. Y es un modelo que tiene múltiples aplicaciones.


Aunque el escenario viene muy a cuento, en estos días, en los que todos vivimos pendientes de los políticos, las autoridades sanitarias y el número de infectados por el coronavirus, es la funcionalidad del orden escrupuloso y resolutivo, lo que llama la atención de este modelo. Recurrir de manera conveniente al departamento adecuado, en función de las necesidades que debamos satisfacer, proporciona los mejores resultados en el menor tiempo.


Vivimos amenazados, desde hace solo unos meses, por un enemigo que solo se deja ver cuando impacta contra nosotros. Sufrimos la inseguridad que produce su invisibilidad y nuestro cegador sobrecogimiento, como consecuencia de la polvareda que produjo al precipitarse sobre nuestras vidas, como un meteorito que cayera del espacio.


Atónitos, levantamos la cabeza y confiamos en que el líder político de turno nos diga qué hacer. Entonces, las medidas económicas se cruzan en el mismo foro con las sanitarias. Las que tienen que regular el libre movimiento de las personas se dan de bruces con sus necesidades básicas. La educación y la tecnología descubren que no se conocen y la maquinaria recaudatoria del estado no quiere quedarse en casa. Por su parte, la disparidad de criterios de los diferentes líderes políticos, en este mundo absolutamente globalizado, resulta espeluznante.


La sociedad moderna es una estructura formada por muchos sistemas y un entorno. El entorno alzó su voz en estos días y decidió, responsablemente, entonar al unísono #quedateencasa. El entorno se refiere a los hogares y los valores que en ellos se cuecen. Por su parte, los sistemas funcionales están compuestos por personas, dedicadas a diferentes áreas de conocimiento, que dan servicio a la población en su conjunto: sistema sanitario, sistema de información, sistema judicial, sistema monárquico, sistema educativo, etcétera. Paradójicamente, nuestra convivencia está constituida por un entramado de sistemas que alguien se esfuerza por desbaratar. El cúmulo de disfunciones de este desbarajuste, produjo innumerables daños que la sociedad fue tolerando, solo porque no eran contagiosos y no se expandían rápidamente por todos los países.


Lamentablemente, las autoridades sanitarias, como las educativas, judiciales, etcétera, no están siendo promocionadas desde el interior del sistema al que pertenecen. La política impulsa carreras profesionales con fines políticos a personas que carecen de conocimientos para manejar los protocolos de actuación necesarios cuando eventualidades como la actual sobrevienen. En estos días aciagos, el sistema sanitario es el único apto para poner soluciones, sin embargo, no cuenta con capacidad ejecutiva para dar un paso al frente y tomar las riendas de esta situación. Sus limitaciones sistémicas no difieren mucho de lo que les ocurre al resto de los sistemas, si no fuera, porque en su caso, su resuelta intervención resulta de vital importancia. La política embarra los sistemas de todos los colores impidiendo el óptimo circular del sistema social en su conjunto como una maquinaria perfecta que permita la ponderación, en cada caso, del sistema que resulte crucial.



El caso es que, a estas alturas, el sistema sanitario con base científica, y coordinado internacionalmente, no se ha hecho cargo del problema. Estamos condenados a las ocurrencias de los políticos que, aturdidos y sumergidos en esta perversa contingencia, confían en volver pronto a la normalidad. Los médicos y personal sanitario, por su parte, soportan la carga mayor del problema y la responsabilidad última de su erradicación. Como pueden, van emitiendo comunicados múltiples y dispares que no consiguen trazar el camino del sosiego y la curación.


En un sistema equilibrado de sistemas, el sistema sanitario debería hacerse cargo de esta situación para tomar decisiones. El sistema político estaría al servicio del mismo para regular al conjunto de los sistemas sociales, en sintonía con la resolución del problema, el cuidado de las personas y el funcionamiento siempre óptimo y circular de la sociedad. En una sociedad circular y equilibrada, los ciudadanos aplicarían conscientemente el modelo de triage y se dirigirían al sistema sanitario en busca de indicaciones y directrices cuando acontece una pandemia. No lo harían nunca al sistema político, que de forma responsable, permitiría el protagonismo de los científicos para afrontarla y vencerla. La aplicación del triage social devendría en la consecución de los mejores resultados en el menor tiempo.


#coronavirus


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