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N a c i d a C i r c u l a r

Actualizado: mar 29

Cómo decir, que la sociedad moderna no es plana. Cómo decir, que ha nacido para ser circular. Cómo decir, que sumidos en la crisis sanitaria que ha provocado el Coronavirus, hace tiempo que deberíamos estar pendientes de los expertos sanitarios, mientras, políticos y economistas se hicieran a un lado y solo prestaran su apoyo, para no perturbar el trabajo de los primeros. Cómo decir, sin que suene frívolo, que todo estaría ya resuelto si los científicos hubieran liderado la resolución de semejante infortunio. El control y erradicación de un virus requiere decisiones científicas que deben ser tomadas desde el sistema sanitario con el apoyo, en un segundo nivel, del resto de los sistemas. Cuando esta lógica se obvia, y es el sistema político el que lidera y el sistema sanitario el que apoya, los resultados se hacen esperar.



Nicolás Copérnico fue el primero en atreverse a desafiar la idea del cosmos que imperaba en el siglo XVI. Le siguió cien años más tarde, Galileo. Después de un largo y penoso juicio, el 22 de junio de 1633, se postraba de rodillas ante los jueces del Santo Oficio. Con la cabeza inclinada recitó la fórmula de rigor y negó la teoría heliocéntrica del Sistema Solar enunciada por Nicolás Copérnico. A sus 69 años, Galileo era un reconocido científico en la Europa de su tiempo, famoso por la claridad de sus escritos y por ridiculizar eficazmente a sus contrarios. La Iglesia, a través del Tribunal de la Inquisición, lo había doblegado. A pesar de ello, la leyenda cuenta que musitó: «Eppur si muove» («y sin embargo se mueve», refiriéndose a la Tierra). (1)

Los sistemas sociales tiene una naturaleza circular. Nacen en el entorno social como consecuencia del encuentro de unos individuos que cuentan con habilidades coincidentes y se unen para desarrollar una función válida para a sociedad (sanitario, educativo, judicial, artístico, científico, etcétera). Su naturaleza es también autónoma y producen una clausura operativa. Elaboran instrumentos propios que no se entienden fuera de sus límites y, fundamentalmente, obedecen a un sentido y persiguen un fin. El sistema sanitario está definido por un sentido y un fin. Lo hacen posible todo un entramado de expertos que comparten una comunicación propia y desconocida para el resto. Están determinados por una secuencia de decisiones que establecen, a su vez, toda una cadena de decisiones posteriores. Son científicos que se desenvuelven perfectamente en situaciones que, como la actual, nos sobrepasan a todos los demás.


Los políticos doblegan hoy al conjunto de los sistemas sociales para hacer prevalecer su autoridad, como antes lo hizo la monarquía absoluta. Se reconocen, a sí mismos, como la verdad absoluta y necesaria. No dejan espacio para que otros expertos, desde las diferentes áreas funcionales de la sociedad, desplieguen su autonomía en aras de la ciencia, el conocimiento, y la resolución de problemas. En medio de la vorágine que el virus provoca, es un doctor en economía junto a su equipo, con una experiencia en gestión del todo exigua y sin contrastar, el que está ostentando todo el poder de decisión en medio de una crisis sanitaria. Compra material que no conoce, abastece tarde y mal a los hospitales, carece de humildad, generosidad y arrojo para lidiar con esta situación y, por si fuera poco, no tiene carisma para movilizar los ánimos de los ciudadanos. Lo cierto, es que el presidente de gobierno de este país, como el de cualquier otro, no lo va a hacer mejor porque no puede.


No lo va a hacer mejor porque piensa que la sociedad es plana. Piensa que todas las estructuras de conocimientos y habilidades del entramado social están a su servicio. Entiende el poder y la legitimidad que le otorgan los votos como una corona. No se ha percatado, que es una batuta lo que sus votantes le han dado. La orquestación de las distintos sistemas funcionales de la sociedad, en función de cada necesidad o crisis, requiere de una humildad, generosidad y arrojo que el político desconoce. Cuando llegan al gobierno, los líderes políticos entienden que deben rodearse de expertos propios en las distintas áreas de la sociedad para manejar todos los campos de acción y, con cargos políticos y la creación de un sinfín de ministerios, dibujan una realidad paralela que deja fuera a los verdaderos expertos. Cuando una gran crisis, como la que sufrimos, pone en jaque a la población, es ingente la cantidad de tiempo que se pierde por no poner el foco en la autoridad correspondiente, sanitaria en este caso. En una sociedad circular convivirían diferentes y reconocidas autoridades y, en función de las necesidades sociales, unas tomarían las riendas, mientras las otras se pondrían a un lado, bajo la atenta mirada de un presidente que regularía sin corona.



Desde el punto de vista de la sociedad como un sistema de sistemas coordinado, es especialmente duro asistir al sangriento espectáculo que protagonizan los políticos. Es muy duro, porque mientras marean con sus tiras y aflojas, particulares y absurdas, son muchas las personas que están perdiendo sus vidas. Los que no pierden sus vidas, pierden su modo de vida y, fundamentalmente, sufren de desconfianza e inseguridad. El sentido de los estados es proporcionar seguridad a sus ciudadanos. La templanza y el control de la situación, mientras se permite a los expertos hacer su trabajo, proporcionaría, sin duda, una reconfortante sensación en los hogares y los mejores resultados en las estadísticas.


«Eppur si muove»






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(1) https://www.lavozdegalicia.es/noticia/informacion/2013/02/19/nicolas-copernico-galileo-injusta-condena


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