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  • Aurora es la autora

BE CIRCULAR!

Actualizado: mar 20

La individualidad lleva implícita una carga de responsabilidad con uno mismo. La vida no se divide en capítulos que se completan dando lugar a uno nuevo. Muy al contrario, se trata de un continuum, en el transcurso del cual, cada pequeño paso va posibilitando el paso posterior, y así, nos vamos abriendo camino en una vida personal de selecciones que solo se agota cuando morimos. Esta posibilidad de elegir nos hace libres. Ejercemos nuestra libertad en cada movimiento que ejecutamos y, este , a su vez, va a alimentar nuevos movimientos en torno a una circularidad que no cesa. Solo la muerte y la vida son impuestas, todo lo demás es cosa nuestra...


¡Sé circular!

Los adolescentes se percatan de esta realidad y al hacerlo se produce en ellos un desasosiego, del que tardan algún tiempo en recuperarse. Son ambiciones sin causa que se tambalean hasta que son capaces de agarrarse a algo. Amigos, amigas, estudios, deportes, aficiones, familia...representan ese agarre que permite levantarse de la infancia. Lo que viene después, consiste, en seguir agarrándose e ir soltándose hasta ser capaces de mantenernos en pie por nosotros mismos, y así, ser capaces, si acaso, de soportar a otros.


En este camino de tira y afloja desarrollamos nuestro sentido, esa actitud o conjunto de valores y creencias que guiará nuestro modus operandi en adelante. El sentido es clave para las personas, y la responsabilidad consiste en no traicionar ese sentido, aunque para ello debamos denunciar o delatar a otros sentidos. Consiste, en ser capaces, cuando los años pasen, de mirarnos al espejo y reconocernos. Porque la traición es terrible cuando la sufres de parte de otros, pero absolutamente demoledora cuando tú mismo te la ocasionas.


Al crecer y desarrollar un sentido se produce una circularidad personal que delimita un contexto de diferencias con respecto a todo lo demás. Permite a uno mismo, en un ejercicio de observación, reconocer lo que esta dentro y lo que se queda fuera: qué somos y qué no somos, qué nos interesa y qué no nos interesa. Es esta selección la que nos hace únicos y diferentes. No se trata ya de una cultura heredada, como antes se decía, sino más bien un incesante ejercicio de selección conforme a un sentido que nos facilita una delimitación vital muy operativa y eficiente.


Vivimos un continuo proceso de crecimiento personal para el que siempre debemos estar dispuestos. La vida es dinámica y cambiante, por tanto, el aprendizaje continuo es imprescindible para mantener firme nuestra actitud y así, ampliar nuestra capacidad de resiliencia y acomodo conforme a nosotros mismos en relación a la sociedad que sí o sí nos sigue condicionando.


Desde nuestra circularidad seleccionamos otras circularidades o individuos por sus sentidos o actitudes y, en base a ellas, nos relacionamos. Fuera de nosotros existe una gran diversidad de circularidades con sus propios sentidos, e incluso, con ausencia de ellos, de nuevo, seleccionar, conectar o desconectar con estas circularidades, constituye el principio relacional que hace posible la convivencia. El cultivo del sentido y la actitud desde la introspección y la comunicación continua es pieza angular para una sociedad basada en sentidos, en personas. El sentido personal proporciona una actitud para la vida capaz de alentar, capaz de conceder fuerza y posibilitar las condiciones de vida de las personas.


La comunicación es un sistema social transversal que posibilita la convivencia. Es fuente capaz de canalizar emociones y sentimientos que de otra forma se quedarían estancados. Lo que no se dice no está dicho, lo que no se cuenta no genera nada. La comunicación elabora sentidos. La neurociencia, hace solo unos años, descubrió el entramado de interconexiones neuronales que se producen en los niños por medio de las comunicaciones con sus padres o cuidadores.



La comunicación es muy importante desde los primeros años, y lo sigue siendo durante toda la vida. No lo es tanto la información en exceso de la que nos regocijamos. No son las imágenes ni los datos los que generan sentido, sino las comunicaciones que transportan emociones, sentimientos y cariño desde el que lo da al que lo recibe. Las personas gestionamos extraordinariamente las emociones, sentimientos y mensajes de cariño que recibimos alimentando nuestro sentido.


La información, por su parte, se desarrolla en el interior de nuestra circularidad, solo después, de pasar por un proceso selectivo que nos da cuenta del entorno que nos rodea. Para ello, acotamos antes a los suministradores de datos que nos interesa recibir del entorno. Más tarde, procedemos a elaborar informaciones válidas para nosotros. Procesar datos y elaborar informaciones precisa, una vez más, de sentido. El sentido nos permite hacer inferencia con lo que percibimos desde el entorno. Del mismo modo que un libro es diferente para cada uno de sus lectores, la vida es diferente en función de nuestra capacidad para inferir con ella. La comunicación hace posible el sentido, este nos ayuda a acotar el entorno que nos interesa para después, seleccionar, inferir y procesar los datos, y, en último término, elaborar informaciones en nuestro interior.


El cuidado de la comunicación durante los procesos de crecimiento personal, así como el cultivo del sentido durante toda la vida es elemental para poseer, siempre, una actitud poderosa. Sé circular!


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